Blog dedicado a la vida y la obra del escritor Edgar Allan Poe.


miércoles, 15 de mayo de 2013

Madurez


En 1838 aparecerá el cuento que Poe prefería, "Ligeia". Al año siguiente nacerá otro aún más extraordinario, "La caída de la Casa Usher", en el que los elementos autobiográficos abundan y son fácilmente discernibles, pero donde, sobre todo, se revela -después del anuncio de Berenice y el estallido terrible de Ligeia- el lado anormalmente sádico y necrofílico del genio de Poe, así como la presencia del opio. Por el momento, la suerte parecía inclinarse de su lado, pues ingresó como asesor literario en el Burton's Magazine. Por ese entonces lo obsesionaba la idea de llegar a tener una revista propia, con la cual realizar sus ideales en materia de crítica y creación. Como no podía financiarla (aunque el sueño lo persiguió hasta el fin), aceptó colaborar en el Burton's con un sueldo mezquino pero amplia libertad de opinión. La revista era de ínfima categoría; bastó que Edgar entrara en ella para ponerla a la cabeza de las de su tiempo en originalidad y audacia.
Aquel trabajo le permitió al fin mejorar la situación de Virginia y su madre. Aunque se separó por un tiempo del Burton's, pudo trasladar su pequeña familia a una casa más agradable, la primera casa digna desde los días de Richmond. Estaba situada en los aledaños de la ciudad, casi en el campo, y Edgar recorría diariamente varias millas a pie para acudir al centro. Virginia, con sus modales siempre pueriles, lo esperaba de tarde con un ramo de flores, y nos han quedado numerosos testimonios de la invariable ternura de Edgar hacia su "mujer-niña", y sus mimos y atenciones para con ella y Muddie.
En diciembre de 1839 apareció otro volumen, donde se reunían los relatos publicados en su casi totalidad en revistas; el libro se titulaba "Cuentos de lo grotesco y lo arabesco". Aquella época había sido intensa, bien vivida, y de ella emergía Edgar con algunas de sus obras en prosa más admirables. Pero la poesía estaba descuidada. "Razones al margen de mi voluntad me han impedido en todo momento esforzarme seriamente por algo que, en circunstancias más felices, hubiera sido mi terreno predilecto", habría de escribir en los tiempos de "El cuervo". Un cuento podía nacer al despertar de una de sus frecuentes "pesadillas diurnas"; un poema, tal como Edgar entendía su génesis y su composición, exigía una serenidad interior que le estaba vedada. En eso, más que en otra cosa, hay que buscar el motivo en la desproporción entre su poesía y su obra en prosa.
En junio de 1840, Edgar se separó definitivamente del Burton's Magazine por razones de incompatibilidad asaz complejas. Pero la refundición de esta revista con otra, bajo el nombre de Graham's Magazine, le permitió, después sde un período penoso y oscuro, en el que estuvo enfermo (se sabe de un colapso nervioso), reanudar su trabajo como director literario, en condiciones más ventajosas. Poe especificó ante Graham, propietario del Magazine, que no había abandonado el proyecto de fundar una revista propia, y que llegado el momento renunciaría a su puesto. Su empleador no tuvo motivos para lamentar el aporte que Edgar trajo al Graham's, y que puede calificarse de sensacional.  Cuando tomó la dirección había apenas cinco mil suscriptores; al irse dejó cuarenta mil... Y esto entre febrero de 1841 y abril del año siguiente. Edgar ganaba un sueldo mezquino, aunque Graham se mostraba generoso en otros sentidos y admiraba su talento y su técnica periodística. Pero para Poe, obsesionado por la brillante perspectiva de editar por fin su revista (sobre la cual había enviado circulares y requerido colaboraciones), el trabajo en el despacho del Graham's debía resultar mortificante. A un amigo que le buscaba en Washington un empleo oficial que le permitiera al mismo tiempo escribir con libertad, le dice en una carta: "Acuñar moneda con el propio cerebro, a una señal del amo, me parece la tarea más ardua de este mundo...".
Entretanto, había que ganar esos pocos dólares; y ganarlos bien. Edgar atravesaba por una época brillantísima. Se ha dicho que inició la serie de sus "cuentos analíticos" para desvirtuar las críticas de quienes lo acusaban de dedicarse solamente a lo mórbido. Lo único seguro es que este cambio de técnica, más que de tema, prueba la amplitud y la gama de su talento y la perfecta coherencia intelectual que poseyó siempre, y de la que "Eureka" habría de ser la prueba final y dramática. "Los crímenes de la rue Morgue" pone en escena al chevalier C. Auguste Dupin, ese alter ego de Poe, expresión de su egotismo cada día más intenso, de su  sed de infalibilidad y superioridad que tantas simpatías le enajenaban entre los mediocres. Tras él apareció "El misterio de Marie Rogêt", sagaz análisis de un asesinato que apasionaba entonces a los amigos de un género considerado años atrás por De Quincey por una de las bellas artes. Pero el lado macabro y mórbido corría paralelo al frío análisis, y Poe no renunciaba a los detalles espeluznantes, al clima congénito de sus primeros cuentos.
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... y faltaba el dinero. La única carta que se conserva de Poe a su mujer tiene acentos desgarradores:
Mi corazón, mi querida Virginia, nuestra madre te explicará por qué no vuelvo esta noche. Confío en que la entrevista que debo sostener será beneficiosa para nosotros [...] Hubiera perdido yo todo coraje si no fuera por ti, mi mujercita querida [...] Eres mi mayor y mi único estímulo ahora para batallar contra esta vida inconciliable, insatisfactoria e ingrata [...] Que duermas bien y que Dios te dé un agradable verano junto a tu devoto Edgar.
Virginia se moría. Edgar la sabía muerta, y así nació Annabel Lee, que es la visión poética de su vida junto a ella. "Yo era un niño y ella una niña, en un reino a orillas del mar..." El verano y el otoño pasaron sin que encontraran tranquilidad. Su fama traía numerosos visitantes al placentero cottage, y de ellos se quedaron testimonios de ternura, la delicadeza de Edgar para con Virginia y de los esfuerzos de Muddie para darles de comer. Con el invierno la situación se volvió desesperada. Los círculos literarios de Nueva York supieron lo que ocurría, y la muerte inminente de Virginia ablandó muchos corazones que, de tratarse sólo de Poe, no se hubieran mostrado tan accesibles. La mejor amiga en ese trance fue Marie Louise Shew, vinculada indirectamente a los literati, mujer sensible y sensata a la vez. Herido en su orgullo, Poe debió de rebelarse al comienzo; luego tuvo que aceptar los socorros y Virginia recibió lo indispensable para no pasar frío y hambre. Murió a fines de enero de 1847. Los amigos recordaban cómo Poe siguió el cortejo envuelto en su vieja capa de cadete, que durante meses había sido el único abrigo de la cama de Virginia. Después de semanas de semiinconsciencia y delirio, volvió a despertar frente a ese mundo en el que faltaba Virginia. Y su conducta desde entonces es la del que ha perdido su escudo y ataca, desesperado, para compensar de alguna manera su desnudez, su misteriosa vulnerabilidad.

Juventud


El soldado Edgar A. Perry -pues con ese alias se había enganchado- se condujo irreprochablemente en las filas y no tardó en ser ascendido a sargento mayor. El tedio insoportable de aquella mediocre compañía humana, con la cual se veía obligado a alternar, y su invariable resolución de consagrarse a la literatura, para la cual requería tiempo, bibliotecas, contactos estimulantes, lo forzaron finalmente a reanudar relaciones con John Allan. Poe se había alistado por cinco años y aún le faltaban tres; pidió entonces a Allan que escribiera a sus jefes manifestando su conformidad en caso de que lo relevaran de su puesto. Allan no le contestó, y poco después Edgar fue transferido a Virginia. Muy cerca de su casa, ansioso por ver a su madre, cada vez más enferma, comprendió que Allan no toleraría su baja si continuaba hablando de una carrera literaria. Optó entonces por un compromiso momentáneo, pensando que quizá Allan apoyara su ingreso en la academia militar de West Point. Era una carrera, y una bella carrera. Allan aceptó. Pero en aquellos días Poe iba a sufrir el segundo gran dolor de su vida. Mamá Frances Allan murió mientras él estaba en el cuartel; un mensaje de Allan llegó demasiado tarde para cumplir la voluntad de la moribunda, que había reclamado hasta el fin la presencia de Edgar. Ni siquiera le fue dado a éste ver su cadáver. Frente a su tumba (tan cerca de la de Helen, tan cerca ambas en su corazón), no pudo resistir y cayó inanimado; los criados negros debieron llevarlo en brazos hasta el carruaje.
El ingreso de Edgar en West Point fue precedido por una visita a Baltimore en busca y reconocimiento de su verdadera familia, que, frente a la mala voluntad de su guardián, asumía para él una importancia creciente. Implacable en su secreta decisión, buscaba asimismo publicar "Al Aaraaf", largo poema en el cual depositaba infundadas esperanzas. Puede decirse que es éste un momento crucial en la vida de Poe, aunque sus biógrafos no lo hagan notar quizá porque no es dramático ni teatral como tantos otros. Pero en mayo de 1829, solo, con el escaso dinero que le ha dado Allan para vivir y tramitar el no fácil ingreso en West Point, Edgar se lanza a establecer los primeros contactos sólidos con editores y directores de revistas. Como era de suponer, no pudo editar su poema por falta de fondos. En medio de las más angustiosas apreturas, acabó yéndose a vivir a casa de su tía María Clemm, donde también residían Mrs. David Poe, abuela paterna de Edgar, el hermano mayor de éste (personaje borroso que moriría a los veinticuatro años y en quien la herencia familiar se acusó más rápida y violentamente) y los hijos de Mrs. Clemm, Henry y la pequeña Virginia, que habría de constituir el complejo y jamás resuelto enigma de la vida del poeta.
De Mrs. Clemm es casi innecesario adelantar que fue en todo sentido el ángel guardián de Edgar, su verdadera madre (como habría de decirlo en un soneto), la Muddie de las horas negras y de los años tortuosos. Edgar se incorporó al mísero hogar que María Clemm sostenía con labores de aguja y la caridad de parientes y vecinos, sin aportar más que su juventud y sus esperanzas. Muddie lo aceptó desde el primer momento como si comprendiera que Edgar la necesitaba en más de un sentido, y se encariñó con él a un punto que el resto de este relato mostrará cabalmente. Gracias a la buhardilla que compartía con su hermano, tuberculoso en último grado, pudo Edgar escribir en paz y establecer relaciones con editores y críticos. Bien recomendado por John Neal, escritor muy conocido en esos días, "Al Aaraaf" encontró por fin editor, y apareció en unión de "Tamerlán" y los restantes poemas del ya olvidado primer volumen.
Satisfecho en este terreno, Edgar volvió a Richmond para esperar en casa de John Allan -que todavía era su casa- la hora del ingreso en West Point. Resulta difícil imaginar la actitud de Allan en estas circunstancias: se había negado a financiar la edición de los poemas, pero los poemas aparecían a pesar suyo. Edgar hablaría, sin duda, de sus esperanzas literarias y distribuiría ejemplares del libro a sus amigos virginianos (que no entendieron palabra, incluso los de la universidad). Por fin, alguna referencia de Allan a la holgazanería de Edgar provocó otra violenta querella. Pero en marzo de 1830, Poe fue aceptado en la academia militar; a fines de junio aprobaba sus exámenes y pronunciaba el juramento de ingreso. Huelga decir con qué tristeza debió de entrar en West Point, donde le esperaban actividades aún más penosas y desagradables para él que las simples tareas del soldado raso. Pero la alternativa era la misma que tres años antes: o la carrera o morirse de hambre. El prestigio pasajero de las galas militares había terminado con la adolescencia. Edgar sabía de sobra que no estaba hecho para ser soldado, ni siquiera en el orden físico, porque su excelente salud de los quince años empezaba a resentirse tempranamente, y el entrenamiento severísimo de los cadetes no tardó en resultarle penoso, casi insoportable. Pero su cuerpo obedecía en gran medida al desgano, a la tristeza que lo invadía en un ambiente donde pocos minutos diarios podían consagrarse a pensar (a pensar fuera de los textos, es decir, a pensar poesía, ap ensar literatura) y a escribir. John Allan, por su parte, iba a seguir la misma línea de conducta que en la etapa universitaria; pronto descubrió Edgar que no recibiría dinero ni para sus gastos más indispensables. Inútil quejarse por carta, mostrar que estaba haciendo el ridículo ante sus camaradas, provistos de fondos. Edgar se refugió entonces en el prestigio que le daba el ser un viejo al lado de sus bisoños compañeros, y en su facilidad para mentir imaginarios viajes, aventuras novelescas que muchos creyeron y que plagarían medio siglo después tantas biografías del poeta. Su orgullo, su humor sardónico, lo ayudaron no poco; pero estos rasgos tienen sus desventajas, y él lo supo pronto. Ahogado por la atmósfera vulgar, ramplona, carente hasta la náusea de imaginación y capacidad creadora, se defendió cerrándose, meditando ya los elementos de su futura poética (con gran ayuda de Coleridge). Entretanto, le llegaron desde casa noticias del segundo matrimonio de John Allan y comprendió, ya sin sombra de engaño, que toda esperanza de una futura protección debía ser abandonada. No se equivocaba: Allan habría de tener los hijos legítimos que deseaba, y la nueva Mrs. Allan se mostró desde el primer día hostil hacia el desconocido hijo de actores que estudiaba en West Point.
Edgar había calculado cumplir el curso en seis meses, confiando en su preparación universitaria y militar precedentes. Pero, una vez en la academia, descubrió que eso era imposible por razones administrativas. No debió de vacilar mucho. Escéptico por lo que concernía a Allan, poco podía importarle que éste se disgustara o no de su decisión, y decidió hacerse expulsar, única forma posible de salir de West Point sin violar el juramento pronunciado. Fue muy simple: como era alumno brillante, eligió la parte disciplinaria para ponerse en falta. Sucesivas y deliberadas desobediencias, tales como no concurrir a clase o a los servicios religiosos, le valieron una expulsión en regla. Pero antes, y dando una de sus raras muestras de auténtico humor, Poe había conseguido, con ayuda de un coronel, que los cadetes costearan por suscripción su nuevo libro de versos, compuesto durante la breve permanencia en West Point.  Todo el mundo imaginaba un librito lleno de versos satíricos y divertidos acerca de la academia; se encontraron en cambio con "Israfel", "A Helena", y" Leonore". Pueden inferirse los comentarios.
La ruptura con Allan parecía definitiva y se complicó por un grave error de Edgar, quien, en un momento de ofuscación, había escrito a uno de sus acreedores excusándose por no pagar a causa de la tacañería de su tutor, y agregando que éste estaba pocas veces sobrio. La afirmación, indudablemente calumniosa, llegó a manos de Allan. Su carta a Edgar se ha perdido, pero debió de ser terrible. Edgar le contestó ratificando su aseveración y vertiendo por fin toda su amargura, sus reproches y su desesperanza. El 19 de febrero de 1831 se embarcaba, envuelto en su capa de cadete, que lo acompañó hasta el fin de sus días, rumbo a Nueva York y a sí mismo.
En marzo, habriento y angustiado, pensó en engancharse como soldado en el ejército de Polonia, sublevada contra Rusia. Su solicitud no tuvo éxito, y entretanto apareció su primer libro importante de poemas, respetuosamente dedicado al colegio de cadetes. Edgar Poe está ya allí de cuerpo entero. En esos versos (que sufrirán más adelante infinitas modificaciones) los rasgos centrales de su genio poético brillan inequívocos, salvo para los escasos críticos que se ocuparon entonces del volumen. La magia verbal, donde, por lo menos en lo que a su poesía se refiere, se ahínca lo más asombroso de su genio, irrumpe como portadora de un oscuro mensaje lírico, sea el de los poemas amorosos en que desfilan las sombras de Helen o de Elmira, sea el de los cantos metafísicos y casi cosmogónicos. Cuando Edgar Poe volvió a Baltimore perseguido por el hambre y se refugió por segunda vez en casa de Mrs. Clemm, llevaba en el bolsillo la prueba palpable de que su decisión había sido justa y de que, al margen de todas las debilidades, los vicios y las flaquezas, había sido y era fiel a sí mismo, por más caras que fuesen las consecuencias presentes y futuras.
A poco de llegar a Baltimore, murió su hermano mayor, y Edgar pudo instalarse y trabajar con relativa comodidad en la buhardilla que había compartido con el enfermo. Su atención, hasta entonces dedicada íntegramente a la poesía, va a volverse hacia el cuento, género más vendible, -lo cual en esos momentos constituía un argumento capital-, y que interesaba además como género literario al joven escritor. Poe advirtió muy pronto que su talento poético, debidamente encauzado, podía crear en el cuento una atmósfera especialísima, subyugadora, que él debió de atisbar el primero con irreprimible emoción. Todo estaba en no confundir cuento con poema en prosa, y sobre todo no confundir cuento con fragmento novelesco. No era Edgar hombre de incurrir  en esos fáciles errores, y su primer relato publicado, "Metzengerstein", nació como Palas armado de punta en blanco, con todas las cualidades que habrían de alcanzar perfección unos años después.
La miseria y Mrs. Clemm se conocían de antiguo. Muddie pedía prestado, salía con una cesta donde sus amigas ponían siempre alguna legumbre, huevos, fruta. Edgar no encontraba manera de publicar, y los pocos dólares ganados aquí y allá desaparecían enseguida. Se sabe que en todo este período se condujo sobriamente, y que hizo lo posible por ayudar a su tía. Pero una vieja deuda (quizá su hermano) surgió de pronto, con la consiguiente amenaza de arresto y prisión. Edgar escribió a John Allan con el tono más angustiado y lamentable que cabe imaginar. "Por el amor de Cristo no me dejes perecer por una suma de dinero cuya falta ni siquiera notarás...". Allan intervino de manera indirecta -y por última vez-; el peligro de prisión quedó descartado. Al criticar la formación literaria y cultural de Poe no debería olvidarse que en los años 1831 y 1832, cuando su carrera de escritor quedó definitivamente sellada, Edgar trabajaba acosado por el hambre, la miseria y el temor; el hecho de que pudiera seguir adelante y remontar día a día nuevos peldaños hacia su propia perfección literaria prueba toda la fuerza que habitaba en ese gran débil. Pero a veces Edgar perdía los estribos. No se sabe que bebiera entonces más de la cuenta (aunque para él siempre la menor dosis era fatal). Habíase enamorado de Mary Devereaux, joven y bonita vecina de los Clemm. Para Mary, el poeta representaba el misterio y, en cierto modo, lo prohibido, pues corrían ya rumores sobre su pasado, en gran medida sembrados por él mismo. Y además, Edgar tenía esa presencia que habría de subyugar siempre a las mujeres que cruzaron por su vida. La misma Mary, muchísimos años después, lo recordaba así: "Mr. Poe tenía unos cinco pies y ocho pulgadas de estatura, cabello oscuro, casi negro, que usaba muy largo y peinado hacia atrás como los estudiantes. Su cabello era fino como la seda; los ojos, grandes y luminosos, grises y penetrantes. Tenía el rostro completamente afeitado. La nariz era larga y recta, y los rasgos muy finos; la boca, expresivamente hermosa. Era pálido, exangüe, de piel bellamente olivácea. Miraba de manera triste y melancólica. Era sumamente delgado... pero tenía una fina apostura, un porte erguido y militar, y caminaba rápidamente. Lo más encantador en él, sin embargo, eran sus modales. Era elegante. Cuando miraba a alguien parecía capaz de leer sus pensamientos. Tenía una voz agradable y musical, pero no profunda. Vestía siempre una chaqueta negra, abotonada hasta el cuello... No seguía la moda, sino que tenía su propio estilo".
Con semejante retrato no sorprenderá que la niña quedara fascinada por su cortejante. El idilio duró apenas un año, y la gazmoñería de la época hizo lo suyo. "Mr. Poe no valoraba las leyes de Dios ni las humanas", dirá Mary en sus recuerdos de vejez. Mr. Poe era celoso y provocaba violentas escenas. Mr. Poe se propasaba. Mr. Poe se consideró ofendido por un tío de Mary, que se inmiscuía en su noviazgo, y, luego de comprar una fusta, fue a buscar a dicho caballero y le dio de latigazos. Sus parientes contestaron golpeándolo y desgarrándole de arriba a abajo la chaqueta. La escena final es digna de la mejor escena romántica: Mr. Poe atravesó tal como estaba la ciudad, seguido de una turba de chiquillos, armó un escándalo en la puerta de Mary, se metió en su casa y acabó tirándole la fusta a los pies, mientras decía: "¡Toma, te regalo esto!". Pero la anécdota es importante porque por primera vez vemos a Edgar con las ropas destrozadas, perdido todo dominio de sí mismo; se exhibe al desnudo, como tantas veces más adelante, en un patético testimonio de su fundamental inadaptación a las leyes de los hombres. La familia de Mary hizo el resto, y Mr. Poe perdió a su novia. Consuela pensar que no lo lamentó demasiado.
En julio de 1832, Edgar supo que John Allan había hecho testamento y que estaba gravemente enfermo. Fue inmediatamente a Richmond, por razones donde el interés y los recuerdos del pasado se mezclaban confusamente. Nadie lo había invitado, pero él llegó tempestuosamente y se coló de rondón, dándose de boca con la segunda Mrs. Allan, que no tardó en hacerle entender que lo consideraba un intruso. No es difícil imaginar la violenta de reacción de Edgar bajo ese techo que guardaba el recuerdo de su madre y toda su infancia. Volvió a perder la serenidad de la manera más lamentable, sobre todo porque no tuvo el valor de enfrentarse a Allan, y salió de la casa en el preciso momento en que aquél, presurosamente reclamado, acudía con el estado de ánimo imaginable. La visita acababa en el más completo fracaso, y Edgar se volvió a Baltimore y a la miseria.
En abril de 1833 escribiría su última carta a su protector. Contiene un párrafo que lo dice todo: "En nombre de Dios, ten piedad de mí y sálvame de la destrucción." Allan no le contestó. Pero en el intervalo Edgar había ganado el primer premio (y 50 dólares) en un concurso de cuentos del Baltimore Saturday Visitor. Sus cuentos, al menos, eran más eficaces que sus cartas.
El año 1833 y gran parte del siguiente fueron tiempos de penoso trabajo en la más horrible miseria. Poe ya era conocido por los círculos cultivados de Baltimore, y su cuento vencedor, "Manuscrito hallado en una botella", le valió no pocas admiraciones. A comienzos de 1834 le llegó la noticia de que Allan estaba moribundo y, sin pensarlo dos veces, se lanzó a una segunda e insensata visita a su casa. Rechazando al mayordomo, que debía de tener instrucciones de no dejarlo entrar, voló escaleras arriba para detenerse en la puerta de la habitación donde John Allan, paralizado por la hidropesía, leía el diario en un sillón. Al verlo enfermo fue presa de un acceso de furor, y se enderezó bastón en mano profiriendo terribles insultos. Los sirvientes acudieron y echaron a la calle a Edgar. En Baltimore, poco después, se enteró de la muerte de Allan. Éste no le dejó ni un centavo de su enorme fortuna. Digamos de él que, si Edgar hubiera seguido alguno de los sólidos caminos profesionales o comerciales que su protector le proponía, nada hace dudar de que Allan lo hubiera ayudado hasta el fin. Edgar tuvo plena razón en seguir su camino, y por su parte Allan no puede ser culpado más allá de lo razonable. Su verdadera falta no fue tanto no entender a Edgar, sino mostrarse deliberadamente mezquino y cruel, obstinándose en acorralarlo y dominarlo. Al fin y al cabo, Mr. John Allan perdió la partida contra el poeta en todos los terrenos; pero la victoria de Edgar se parecía demasiado a las de Pirro para no desesperar en primer término al vencedor.
Se abre ahora el "episodio misterioso", el incitante tema que ha hecho correr ríos de tinta. La pequeña Virginia Clemm, prima carnal de Edgar, habría de convertirse en su novia y, poco después, en su mujer. Virginia tenía apenas trece años y Edgar veinticinco. Si en aquel tiempo no era insólito que las mujeres se casaran a los catorce años, el hecho de que Virginia no estuviera mentalmente bien desarrollada, y diera hasta su muerte la impresión de una niña, agrega un elemento penoso al episodio. Muddie consintió en el noviazgo y en la boda (aunque ésta tuvo lugar secretamente para no provocar la cólera harto imaginable del resto de la familia), y el consentimiento tiene su importancia. Si la madre de Virginia la confiaba a Edgar, no puede dudarse de que se sentía moralmente tranquila. Virginia, que adoraba al primo Eddie, debió de consentir con su puerilidad habitual, llena de maravilla, a la idea de casarse con aquel muchacho prestigioso. En cuanto a él, ése es el misterio. Que siempre quiso a "Sis" con un cariño entrañable, los hechos van a probarlo. Que la amó, que la hizo su mujer, es y sigue siendo materia de discusión. La hipótesis más sensata parece ser la de que Poe se casó con Virginia para protegerse en su relación con otras mujeres y mantenerlas en el plano de la amistad. Lo probaría el hecho de que sólo después de la muerte de Sis sus amores adquirieron de nuevo un carácter apasionado, aunque siempre ambiguo. ¿Pero de qué se protegía Edgar? Aquí es donde se abren las compuertas y empieza a correr la tinta. No hagamos nosotros de afluente. Lo único verosímil es suponer una inhibición sexual de carácter psíquico, que obligaba a Poe a sublimar sus pasiones en un plano de ensueño e ideal, pero que a la vez lo atormentaba al punto de exigirle por lo menos una fachada de normalidad, provista en este caso por su casamiento con Virginia. Se ha hablado de sadismo, de atractivo malsano hacia una mujer impúber o apenas núbil. El tema da para infinitas variaciones.
En marzo de 1835, en plena fiebre creadora, Edgar carecía de un traje como para poder aceptar una invitación a comer. Así tuvo que escribirlo, avergonzado, a un bondadoso caballero que buscaba ayudarlo literariamente. La honradez de aquella confesión vino en su ayuda. Su anfitrión lo vinculó de inmediato con el Southern Literary Messenger, una revista de Richmond. Allí apareció "Berenice", y meses más tarde Edgar regresaría, una vez más, a su ciudad virginiana para incorporarse a la redacción de la revista y asumir su primer empleo estable. Pero, entretanto, la mala salud se había manifestado inequívocamente. Hay testimonios de que en el período de Baltimore, Edgar tomó opio (en forma de laúdano, como De Quincey y Coleridge). Su corazón no andaba bien y necesitaba estímulos; el opio, que le había dictado tanto de Berenice y que le dictaría muchos otros cuentos, lo ayudaba a reaccionar. Su llegada a Richmond significó un resurgimiento momentáneo, la posibilidad de publicar sus trabajos y, sobre todo, de ganar algún dinero, ayudar a Muddie y a Sis, que esperaban en Baltimore. Los habitantes de Richmond que habían conocido al niño Edgar, al mozo de turbulenta fama, encontraban ahora a un hombre prematuramente envejecido a los ventiséis años. La madurez física le sentaba bien a Edgar. Sus pulcras, si bien algo raídas ropas, invariablemente negras, le daban un aire fatal en el sentido byroniano, presente ya en los fetichismos de la época. Era bello, fascinador, hablaba admirablemente bien, miraba como si devorara con los ojos, y escribía extraños poemas y cuentos que hacían correr por la espalda ese frío delicioso que buscaban los suscriptores de revistas literarias al uso de los tiempos. Lo malo era que Edgar sólo ganaba diez dólares semanales en el Messenger, que sus amigos de juventud andaban cerca y que en Virginia se bebe duro. La lejanía de Muddie y de Virginia hacía también lo suyo. Edgar bebió la primera copa y el resto fue la cadena inevitable de consecuencias. Esta caída, alternada con largos períodos de salud y temperancia, va a repetirse ahora monótonamente hasta el fin. Uno daría cualquier cosa por refundir todos los episodios en uno, evitar esa duplicación infernal, ese paseo en círculo del prisionero en el patio de la cárcel. Al salir de una de sus borracheras, Edgar escribe desesperado a un amigo -mientras le oculta con típica astucia la verdadera razón- "Me siento un miserable, y no sé por qué... Consuéleme... pues usted puede hacerlo. Pero que sea pronto... o será demasiado tarde. Escríbame inmediatamente. Convénzame de que vivir merece la pena, de que es necesario...". Esta vaga alusión a un suicidio habrá de materializarse años después.
Por supuesto, perdió su empleo, pero el director del Messenger estimaba a Poe y volvió a llamarlo, aconsejándole que viniera con su familia y que viviera junto a ella, lejos de cualquier lugar donde hubiera vino en la mesa. Edgar siguió el consejo y Mrs. Clemm y Virginia se le unieron en Richmond. Desde las columnas de la revista la fama del joven escritor empezaba a afirmarse. Sus reseñas críticas, ácidas, punzantes, muchas veces arbitrarias e injustas, pero siempre llenas de talento, eran muy leídas. Durante más de un año Edgar se mantuvo perfectamente sobrio. En el Messenger empezaba a aparecer en folletín la "Narración de Arthur Gordon Pym". En mayo de 1836 Poe se casó por segunda vez, pero ahora públicamente y rodeado por sus amigos, con la siempre maravillada Virginia. Aquel período -en el que sin embargo empezaban las recaídas con el alcohol, cada vez más frecuentes- se tradujo en reseñas y ensayos de una fertilidad extraordinaria. Afirmada su fama de crítico, los círculos literarios del Norte, para quienes el Sur no había significado jamás nada importante en el orden intelectual, se mostraban tan ofendidos como furiosos contra aquel "Mr. Poe" que osaba denunciar sus cliques, sus bombos, y desollaba vivos a sus malos escritores y poetas, sin importarle un ardite la reacción que provocaba. Más se hubieran irritado de saber que Edgar acariciaba cada vez con mayores deseos la posibilidad de abandonar el campo demasiado estrecho de Virginia y probar suerte en Filadelfia o Nueva York, los grandes centros de las letras norteamericanas. Su alejamiento del Messenger se vio precipitado por las deudas, el descontento del director y las continuas ausencias provocadas por el aplastante efecto que en él provocaba la bebida. El Messenger lamentó sinceramente prescindir de Poe, cuya pluma había octuplicado su tirada en pocos meses.
Edgar y los suyos se instalaron precariamente en Nueva York, en un pésimo momento para encontrar trabajo a causa de la gran depresión económica que caracterizó la presidencia de Jackson. Este intervalo de forzosa holganza fue, como siempre, benéfico para Edgar desde el punto de vista literario. Libre de reseñas y comentarios periodísticos, pudo consagrarse de lleno a la creación y escribió una nueva serie de cuentos; logró asimismo que Gordon Pym se publicara en volumen, aunque la obra fue un fracaso de venta. Pronto se vio que Nueva York no ofrecía un panorama favorable y que lo mejor era repetir la tentativa en Filadelfia, el primer centro editorial y literario de Estados Unidos a esa altura del siglo. A mediados de 1838 hallamos a Edgar y a los suyos pobremente instalados en una casa de pensión de Filadelfia. La mejor prueba de la situación por la que pasaban la da el hecho de que Edgar se prestó a publicar bajo su nombre un libro de texto sobre conquiliología, que no pasaba de ser la refundición de un libro inglés sobre la materia, y que preparó un especialista con la ayuda de Poe. Más tarde ese libro le trajo un sinfin de disgustos, pues lo acusaron de plagio, a lo cual habría de contestar airadamente que todos los textos de la época se escribían aprovechando materiales de otros libros. Lo cual no era una novedad ni entonces ni hoy en día, pero resultaba un débil argumento para un denunciador de plagios tan encarnizado como él.

Adolescencia


 
Hacia 1823 o 1824, Edgar pone todas las fuerzas de sus quince años en esos versos. Algunas jovencitas de Richmond habrán de recibirlos, especialmente las alumnas de cierta elegante escuela; su hermana Rosalie -adoptada por otra familia de Richmond- se encarga de hacer llegar los mensajes a las agraciadas. Pero el precoz enamorado tiene tiempo para otras proezas. La enorme influencia de Byron, modelo de todo poeta joven en esta década, lo inducía a emularlo en todos los terrenos. Ante la estupefacción de camaradas y profesores, Edgar nadó seis millas contra la corriente del río James y se convirtió en el efímero héroe de un día. Su salud era entonces excelente, después de una infancia algo enfermiza; y su cargada herencia sólo se manifiesta en detalles de precocidad, de talento anormalmente desarrollado, en un carácter donde el orgullo, la excitabilidad, la violencia que nace de una debilidad fundamental, lo estimulaban a adelantarse en todos los caminos y a no tolerar competidores.
En aquellos días conoció a Helen, su primer amor imposible, su primera aceptación del destino que habría de signar toda su vida. Decimos aceptación, y será mejor explicarse desde ahora. Helen es la primera mujer -en una larga galería- de quien Edgar Poe habría de enamorarse sabiendo que era un ideal, y enamorándose porque era ese ideal y no meramente una mujer conquistable. Mrs. Stanard, joven madre de uno de sus condiscípulos, se le apareció como la personificación de todos los sueños indecisos de la infancia y las ansiosas vislumbres de la adolescencia. era hermosa, delicada, de maneras finísimas. "Helen, tu belleza es para mí como esas remotas barcas niceas que, dulcemente, sobre un mar perfumado, traían al cansado viajero errabundo de retorno a sus playas nativas", escribiría de ella un día en uno de sus poemas más misteriosos y admirables. Su encuentro fue para Edgar el arribo a la madurez. El adolescente que acudía a casa de su condiscípulo sin otro propósito que el de jugar, fue recibido por la Musa. Esto no es una exageración. Edgar retrocedió enceguecido frente a una mujer que le daba su mano a besar, sin comprender lo que ese gesto valía para él. Ignorándolo, Helen le exigió que ingresara definitivamente en la dimensión de los hombres. Edgar aceptó, enamorándose. Su amor fue secreto, perfecto y duró lo que su vida, por debajo o por encima de muchos otros. Exteriormente, las diferencias de edad y de estado social condicionaron el diálogo, hicieron de esa relación un coloquio amistoso que continuó hasta el día en que Edgar no pudo visitar más la casa de los Stanard. Helen enfermó, y la locura -ese otro signo siempre latente en el mundo del poeta- la alejó de sus amigos. Al morir en 1824 tenía treinta y un años. Hay una historia inmortal que muestra a Edgar visitando de noche la tumba de Helen. Hay testimonios, igualmente inmortales aunque menos románticos, que prueban el desconcierto, el dolor contenido, la angustia sin expansión posible. Edgar callaba en la escuela, rehuía los juegos, las escapatorias; todos sus camaradas lo notaron sin sospechar la causa, y muchos años más tarde, cuando el mundo supo quién era él, lo recordaron en memorias y cartas.
Refugiado en casa de los Allan (que para Edgar, despierto ya a la realidad social, no era su casa), poco consuelo le esperaba. Su madre adoptiva lo quiso siempre tiernamente, pero empezaba a ceder a un enigmático mal. John Allan se mostraba cada día más severo y Edgar cada día más rebelde. Quizás entonces se enteró el niño de que su protector tenía hijos naturales y sospechó que jamás sería adoptado legalmente. Parece seguro que su primera reacción contra Allan nació de su cólera por la ofensa que ese descubrimiento infería a Frances. también ésta lo supo y debió de confiarse a Edgar, que tomó resueltamente su partido. a esta crisis se agrega el que en aquellos días John Allan se convirtiera en millonario al heredar la fortuna de su tío. Paradójicamente, Edgar debió comprender que sus posibilidades de ser adoptado, y por tanto de heredar, habían disminuido todavía más. Y su especial inadaptación empezó a manifestarse tempranamente. Incapaz de suavizar asperezas o de conciliarse el afecto de su protector mediante una conducta adaptada a sus gustos, emprendía un camino anárquico al que su temperamento y sus gustos lo predisponían naturalmente. John Allan empezó a saber lo que es tener un poeta - o alguien que quiere llegar a serlo- en casa. Su intención era hacer de Edgar un abogado o un buen comerciante como él. No hay necesidad de abundar más sobre la razón fundamental de todos los choques futuros.
La crisis había madurado lentamente. Edgar era todavía el niño mimado de su madre y su bondadosa tía, y el brillante alumno que daba satisfacción a John Allan. Por aquellos días el marqués de La Fayette andaba recorriendo los campos de sus antiguas hazañas. Edgar y sus camaradas organizaron una milicia uniformada y armada para rendir honores al viejo soldado francés. Entre ejercicio y ejercicio, Edgar leía vorazmente lo que caía a su alcance; pero no parecía feliz, y ni siquiera el traslado a una nueva y magnífica casa que la flamante fortuna de su protector requería, y la comodidad de una excelente habitación, bastaban para alegrarlo. Es harto probable que sus altaneras declaraciones a John Allan sobre sus propósitos de llegar a ser un poeta encontraron una fría, irónica respuesta en los ojos y las palabras del comerciante. Edgar había crecido, y sus actividades militares lo habían aguerrido e independizado aún más. la anómala situación del hogar de los Allan apresuró el proceso. Su guardián veía ya un mozo en Edgar y sus diálogos eran de hombre a hombre. Si Edgar le reprochó alguna vez, en nombre de su madre Frances, las infidelidades conyugales, Allan debió a su turno replicar con algo capaz de herir al joven en lo más vivo. Sabemos hoy cuál fue esa réplica: una velada referencia, deshonrosa para Mrs. Poe, acerca de la verdadera paternidad de Rosalie, la hermana menor de Edgar. Bien puede imaginarse la reacción de éste. Pero los lazos con los Allan eran todavía demasiado fuertes, y hubo otro intervalo de paz. Intervalo dulce, porque Edgar acababa de enamorarse de una jovencita de bellos rizos, Sarah Elmira Royster, que habría de representar un extraño papel en su vida, desapareciendo tempranamente para surgir en los últimos tiempos. Pero ahora el amor era matinal, y Elmira lo correspondía con toda la efusión compatible entonces con una señorita virginiana. A John Allan no le gustó la idea de que Edgar llegara a casarse con Elmira, y además había que pensar en su ingreso en la Universidad de Virginia. Sin duda habló con Mrs. Royster, y de esa conversación en beneficio de los hijos nació una torpe traición: las cartas de Edgar a Elmira fueron interceptadas, y más tarde se obligó a la niña a que aceptara el presunto olvido de su novio como prueba de desamor y se casara con un tal Mr. Shelton, que correspondía mucho mejor que Edgar a la idea que los Allan y los Royster se hacen siempre de los esposos adecuados. Ignorante de lo que iba a ocurrir, Edgar se despidió de Frances y John Allan en febrero de 1826. En el camino confió una carta para Elmira al cochero que lo llevaba a Charlottesville; fue probablemente el último mensaje que aquélla alcanzó a recibir de él.
De la vida estudiantil de Poe hay numerosos documentos que prueban el clima de libertinaje y anarquía de la flamante universidad fundada con tantas esperanzas por Thomas Jefferson, y su influencia catalizadora de las tendencias hasta entonces latentes en el poeta. Los estudiantes, hijos de familias adineradas, jugaban por dinero, bebían, disputaban y se batían en duelo, endeudándose con la mayor extravagancia, seguros de que sus padres pagarían al final de cada período escolar. A Edgar le ocurrió algo previsible: John Allan se negó desde el primer momento a enviarle más dinero del estrictamente necesario para sus gastos escolares. Edgar se empecinó en mantener el nivel de vida de sus camaradas, por razones bien comprensibles entonces y en Virginia. Hasta cierto punto, tenía razón: su protector lo había criado y educado en un nivel social que entrañaba ciertas exigencias económicas. Proporcionarle con una mano la mejor educación de la época y negarle con la otra el dinero necesario para no tener que avergonzarse ante los camaradas sureños, revelaba no sólo falta de bondad, sino de sentido común e inteligencia. Poe comenzó a escribir a casa pidiendo pequeñas sumas, haciendo minuciosos estados de cuenta para mostrar a Allan que las cantidades recibidas no bastaban para subvenir a sus gastos elementales. Si Allan maduraba ya el proyecto de buscar motivos de querella y desentenderse finalmente de Edgar, aprovechando la enfermedad cada vez más grave de Frances para librarse de ese molesto obstáculo en sus proyectos futuros, no hay duda de que la conducta de Poe en la universidad le dio amplio motivo para resolverse. Exaltado e incapaz de reflexionar con calma en nada que no fueran materias intelectuales, Edgar lo ayudó insensatamente. Se sumaba a ello su desesperación por no recibir respuesta de Elmira y sospechar que ésta lo había olvidado, o que una intriga de los Royster y los Allan lo apartaba de su novia, pues como tal la consideraba entonces.  Por primera vez oímos mencionar el alcohol en la vida de Edgar. El clima de la universidad era tan favorable como el de una taberna: Poe jugaba, perdía casi invariablemente, y bebía. Uno piensa en Pushkin, ese Poe ruso. Pero a Pushkin el alcohol no le hacía daño, mientras que desde el principio provocó en Poe un efecto misterioso y terrible, del que no hay una explicación satisfactoria como no sea la de su hipersensibilidad, sus taras hereditarias, esa maraña de nervios al descubierto. Le bastaba beber un vaso de ron (y lo bebía de un trago, sin paladearlo) para intoxicarse. Está probado que un solo vaso lo hacía entrar en ese estado de hiperlucidez mental que convierte a su víctima en un conversador brillante, en un genio momentáneo. El segundo trago lo hundía en la borrachera más absoluta, y el despertar era lento, torturante, y Poe se arrastraba días y días hasta recobrar la normalidad. Sin duda, esto era mucho menos grave a los diecisiete años; pasados los treinta, en los días de Baltimore y Nueva York, configuró su imagen más desgraciadamente popular.
Como estudiante, Edgar fue todo lo sobresaliente que cabía esperar. Los recuerdos de sus condiscípulos lo muestran dominando intelectualmente aquel grupo de jeunesse dorée virginiana. Habla y traduce las lenguas clásicas sin esfuerzo aparente, prepara sus lecciones mientras otro alumno está recitando y se gana la admiración de profesores y condiscípulos. Lee, infatigable, historia antigua, historia natural, libros de matemáticas, de astronomía, y, naturalmente, a poetas y novelistas. Sus cartas a John Allan describen con vívidas imágenes el clima peligroso de aquella universidad, donde los estudiantes se amenazan con pistolas y luchan hasta herirse gravemente, entre dos escapatorias a las colinas y alguna francachela en las tabernas de los aledaños. El estudio, el juego, el ron, las fugas, todo es casi lo mismo. Cuando las deudas de juego alcanzaron una cifra exasperante para John Allan y éste se negó una vez más a pagarlas, Edgar tuvo que abandonar la universidad. En aquel entonces una deuda podía llevar a cualquiera a la cárcel o, por lo menos, vedarle el reingreso al estado donde la había contraído. Edgar rompió los muebles de su cuarto para encender un fuego de despedida (era en diciembre de 1826) y abandonó la casa de estudios. Sus camaradas de Richmond lo acompañaban; para ellos empezaban las vacaciones, pero él sabía que no volvería jamás. 

Los acontecimientos se sucedieron rápidamente. El hijo pródigo encontró a Frances Allan cariñosa como siempre, pero el querido papá, como le llamaba Edgar en sus cartas, ardía de indignación por el balance de aquel año universitario. Para colmo, apenas llegado a Richmond descubrió Edgar lo ocurrido con Elmira, a quien sus padres acababan de alejar prudencialmente de la ciudad. No hay que extrañarse de que en casa de Allan la atmósfera se volviera tensa y que, apenas pasado el tácito armisticio de la Navidad y las fiestas de fin de año, la querella entre los dos hombres, que se miraban ahora de igual a igual, estallara en toda su violencia. Allan se negó a que Edgar volviera a la universidad y a buscarle un empleo, a la vez que le reprochaba su holgazanería. Edgar replicó escribiendo secretamente a Filadelfia en demanda de trabajo. Enterado de esto, Allan le dio doce horas para que decidiera si se sometería o no a sus deseos (que entrañaban la obligación de estudiar leyes o alguna otra carrera profesional). Edgar lo pensó toda una noche y repuso negativamente; siguió  una terrible escena de mutuos insultos y, ante la exasperación de John Allan, su insubordinado protegido se marchó golpeando las puertas. Después de errar durante horas, escribió desde una taberna pidiendo su baúl, así como dinero para viajar al Norte y mantenerse hasta encontrar empleo. Allan no contestó, y Edgar escribió otra vez sin resultado. Su madre le hizo llegar el baúl y algún dinero. Con no poca sorpresa, Allan debió convencerse de que el hambre y la miseria no doblegaban al muchacho, como había supuesto. Edgar se embarcó rumbo a Boston para probar fortuna, y entre 1827 y 1829 se abre en su vida un paréntesis que los biógrafos entusiastas llenarían más tarde con fabulosos viajes a ultramar y experiencias novelescas en Rusia, Inglaterra y Francia. Naturalmente, Edgar los ayudaba desde más allá de la vida, pues siempre fue el primero en inventar detalles románticos que salpimentaran su biografía. Hoy sabemos que no se movió de Estados Unidos. Pero hizo, en cambio, algo que prueba su determinación de vivir conforme a su estrella. Apenas llegado a Boston, la amistad incidental de un joven impresor le permitió publicar "Tamerlán y otros poemas", su primer libro (mayo de 1827). En el prólogo sostuvo que casi todos los poemas habían sido compuestos antes de los catorce años. Cierto vocabulario, cierto tono de magia, ciertas fronteras entre lo real y lo irreal mostraban al poeta; el resto era inexperiencia y candor. Ni que decir tiene que el libro no se vendió en absoluto. Edgar debió de verse en una miseria espantosa que sólo atinó al magro recurso de engancharse en el ejército como soldado raso. Y mientras sobrevivía, melancólicamente, miraba en sí mismo y a veces en torno; fue así como reunió el material para el futuro "El escarabajo de oro", aprovechando el pintoresco escenario que rodeaba al fuerte Moultrie, en Carolina, donde pasó la mayor parte de ese tiempo y donde la adolescencia quedó irrevocablemente atrás.
 

Infancia


 
Edgar Poe, más tarde Edgar Allan Poe, nació en Boston el 19 de enero de 1809. Nació allí como podría haber nacido en cualquier otra parte, al azar del itinerario de una oscura compañía teatral donde actuaban sus padres, y que ofrecía un característico repertorio que combinaba Hamlet y Macbeth con dramas lacrimosos y comedias de magia.
Extenderse en consideraciones sobre el parentesco de Poe no conduce a nada sólido. Edgar era tan pequeño cuando desaparecieron sus padres que la influencia del teatro no lo alcanzó. Sus tendencias histriónicas de la madurez coinciden con las de otros tantos genios cuyos padres fueron médicos o fabricantes de tejas. Parece preferible mencionar herencias más profundas. Por su madre, Elizabeth Arnold Poe, el poeta descendía de ingleses (sus abuelos fueron también actores, del Covent Garden de Londres), mientras su padre, David Poe, era norteamericano, de  ascendencia irlandesa. Edgar habría de fabricar en su juventud mitológicas genealogías, de las cuales la más notable (que muestra pronto su tendencia a lo truculento) lo presenta como descendiente del general Benedict Arnold, famoso en los anales de la traición.
Su sangre inglesa y norteamericana (todavía la misma, aunque se repelieran políticamente) le llegaba doblemente debilitada e impura por la mala salud de sus padres, tuberculosos ambos. David Poe, actor insignificante, sale rápidamente del escenario: murió o quizá abandonó a su mujer y a sus tres hijos, el último por nacer. Mrs. Poe debió dejar al mayor en casa de unos parientes y trasladarse al Sur con Edgar, que apenas tenía un año, para seguir actuando en el teatro y ganar algún dinero. En Norfolk (Virginia) nació Rosalie Poe; y si su madre había reaparecido en las tablas apenas tres semanas después de nacido Edgar en Boston, así se la vio en escena muy poco antes de dar a luz a Rosalie. La miseria y la enfermedad la doblegaron pronto en Richmond, donde la caridad de sus admiradores teatrales, en su mayoría damas, alivió en parte sus sufrimientos. Edgar se encontró huérfano antes de cumplir tres años; la noche en que su madre murió en una miserable habitación, dos señoras caritativas se llevaron los niños a sus casas.
El carácter del poeta no puede ser comprendido si se descuidan dos influencias capitales en su infancia: la importancia psicológica y afectiva que tiene para un niño saber que carece de padres y que vive de la caridad ajena (caridad sumamente peculiar, como se verá), y la residencia en el Sur. Virginia, en aquella época, representaba el espíritu sureño mucho más de lo que una ojeada casual al mapa de Estados Unidos haría suponer. La llamada «línea Mason y Dixon», que marcaba el extremo meridional de Pensilvania, valía también como límite del Norte y el Sur, de las tendencias que pronto fermentarían en el abolicionismo y el régimen esclavista y feudal sureño. Edgar creció como sureño, pese a su nacimiento en Boston, y jamás dejó de serlo en espíritu. Muchas de sus críticas a la democracia, al progreso, a la creencia en la perfectibilidad de los pueblos, nacen de ser un caballero del Sur, de tener arraigados hábitos mentales y morales moldeados por la vida virginiana. Otros elementos sureños habrían de influir en su imaginación: las nodrizas negras, los criados esclavos, un folklore donde los aparecidos, los relatos sobre cementerios y cadáveres que deambulan en las selvas bastaron para organizarle un repertorio de lo sobrenatural sobre el cual hay un temprano anecdotario. John Allan, su casi involuntario protector, era un comerciante escocés emigrado a Richmond, donde tenía en sociedad una empresa dedicada al comercio del tabaco y otras actividades curiosamente disímiles, pero propias de un tiempo en que los Estados Unidos eran un inmenso campo de ensayo. Uno de los renglones lo constituía la representación de revistas británicas, y en las oficinas de Ellis & Allan el niño Edgar se inclinó desde temprano sobre los magazines trimestrales escoceses e ingleses y trabó relación con un mundo erudito y pedante, gótico y novelesco, crítico y difamatorio, donde los restos del ingenio del siglo XVIII se mezclaban con el romanticismo en plena eclosión, donde las sombras de Johnson, Addison y Pope cedían lentamente a la fulgurante presencia de Byron, la poesía de Wordsworth y las novelas y cuentos de terror. Mucho de la tan debatida cultura de Poe salió de aquellas tempranas lecturas.
Sus protectores no tenían hijos. Frances Allan, primera influencia femenina benéfica en la vida de Poe, amó desde el comienzo a Edgar, cuya figura, bellísima y vivaz, había sido el encanto de las admiradoras de la desdichada Mrs. Poe. En cuanto a John Allan, deseoso de complacer a su esposa, no opuso reparos a la adopción tácita del niño; pero de ahí a adoptarlo legalmente había un trecho que no quiso franquear jamás. Los primeros biógrafos de Poe hablaron de egoísmo y dureza de corazón; hoy sabemos que Allan tenía hijos naturales y que costeaba secretamente su educación. Uno de ellos fue condiscípulo de Edgar, y Mr. Allan pagaba trimestralmente una doble cuenta de gastos escolares. Aceptó a Edgar porque era un espléndido muchacho, y llegó a encariñarse bastante con él. Era un hombre seco y duro, a quien los años, los reveses y finalmente una gran fortuna volvieron más y más tiránico. Para desgracia suya y de Edgar, sus naturalezas divergían de la manera más absoluta. Quince años más tarde habrían de chocar encarnizadamente, y ambos cometerían faltas tan torpes como imperdonables.
A los cuatro o cinco años, Edgar era un hermoso niño de rizos oscuros, de grandes y brillantes ojos. muy pronto aprendió los poemas al gusto del día (Walter Scott, por ejemplo), y las damas que visitaban a Frances Allan a la hora del té no se cansaban de oírle recitar, grave y apasionadamente, las extensas composiciones que se sabía de memoria. Los Allan cuidaban inteligentemente de su educación, pero el mundo que lo rodeaba en Richmond le era tan útil como los libros. Su mammy, la nodriza negra de todo niño de casa rica en el Sur, debió de iniciarlo en los ritmos de la gente de color, lo que explicaría en parte su interés posterior casi obsesivo por la escansión de los versos, y la magia rítmica de "El cuervo", de "Ulalume", de "Annabel Lee". Y además estaba el mar, representado por sus embajadores naturales, los capitanes de veleros, que acudían a las oficinas de Ellis & Allan para discutir los negocios de la firma, y que bebían con los socios mientras narraban largas aventuras. El pequeño Edgar debió de entrever, ansioso oyente, las primeras imágenes de Arthur Gordon Pym, del remolino del Maelström, y todo ese aire marino que circula en su literatura y que él supo recoger en velámenes que todavía impulsan sus barcos fantasmas.
Un barco más tangible habría de mostrarle pronto el prestigio de las singladuras, los atardeceres en alta mar, la fosforescencia de las noches atlánticas. En 1815, John Allan y su mujer se embarcaron con él rumbo a Inglaterra y Escocia. Allan quería cimentar de manera más amplia sus negocios y visitar a su numerosa familia. Edgar vivió un tiempo en Irvine (Escocia) y luego en Londres. De sus recuerdos escolares  entre 1816 y 1820 habría de nacer más tarde el extraño y misterioso escenario inicial de "William Wilson". También el folklore escocés influiría en él. Como previendo el ansia de universalidad que habría de tener algún día, las circunstancias lo enfrentaban con paisajes, fuerzas, humores distintos. Agradecido, aunque ya con una sombra de desdén, él no perdió nada. Un día habría de escribir: "El mundo entero es el escenario que requiere el histrión de la literatura".
La familia volvió a Estados Unidos en 1820. Edgar, en la plenitud de su infancia, desembarcaba robustecido y avispado por su larga permanencia en un colegio inglés, donde los deportes y la rudeza física eran más importantes que en Richmond. Por eso lo vemos muy pronto capitanear a los camaradas de juego. Salta más alto y más lejos que ellos, y sabe dar y recibir una paliza según sople el viento. No hay todavía en él signos que lo distingan de otros chicos, salvo, quizá, que le gusta dibujar, que le gusta juntar flores y estudiarlas. Pero lo hace un poco a escondidas y pronto vuelve a los juegos. protege al pequeño Bob Sully, lo defiende de los muchachos más grandes, lo ayuda en sus lecciones. A veces desaparece durante horas, entregado a una tarea misteriosa: escribe secretamente sus primeros versos, los copia con bella letra, los atesora. Todo esto entre dos rebanadas de pan con mermelada.

Biografía de Edgar Allan Poe



[ Fuente: Wikipedia ]

Edgar Allan Poe nació en Boston, Massachussets, el 19 de Enero de 1809, y era el segundo de los tres hijos de un humilde matrimonio de actores, David Poe y Elisabeth Arnold, de ascendencia irlandesa e inglesa respectivamente. Fue abandonado a los nueve meses por su padre y a los tres años quedó huérfano de madre, siendo entonces acogido por el matrimonio formado por Frances y John Allan, de Richmond (Virginia). Su padrastro, del cual Edgar tomaría el apellido, fue un acaudalado hombre de negocios de ascendencia escocesa; hombre colérico e intransigente, desempeñó un papel destacado —negativamente hablando— en la vida del escritor; tenía tres hijos ilegítimos a los cuales trataba mejor. Mientras, su madrastra lo mimó siempre y le consentía todo y las palabras del pequeño Edgar “eran ley en la casa”, según dejó escrito. Tuvo una educación sureña, plagada de leyendas que nutrieron al joven Poe, al igual que los capitanes de veleros que se acercaban a Richmond, que le inspiraron para su posterior obra de las Aventuras de Arthur Gordon Pymm.
La familia Allan se mudó a Inglaterra cuando Poe contaba seis años. Allí estudió durante cinco años en un típico colegio británico de la época y se quedó prendado de los edificios góticos, que se plasmaron en su mente. También estuvo por Irvine (Escocia) maravillándole el folclore escocés. Empezó a leer a Walter Scott, quien generó en él gran influencia, a Joseph Addison, Alexander Pope y Ann Radcliffe. Sus libros de cabecera siempre fueron Ivanhoe y Manfredo de Lord Byron.
De nuevo en Estados Unidos, con 11 años, sintió cierto complejo de inferioridad, algo que le empuja a llamar la atención, como por ejemplo realizar fugas misteriosas. Empieza a escribir poemas inspirándose en Byron y se enamora con 15 años de la madre de un compañero de colegio, la cual murió inmersa en un delirio alocado, lo que reflejará en las heroínas de sus relatos y a la cual dedicó el poema A Helena. Más tarde tendría una relación con Sarah Elmira Royster (ya de su edad), que sin embargo fue rechazada por el padrastro de Edgar.
Años más tarde, en 1826, comenzó los estudios universitarios en la Universidad de Virginia, en la ciudad de Charlotesville, donde se distinguió en las asignaturas de latín y francés, además de estudiar italiano y español. Se cultivó mucho en esta época ya que leía todo libro que caía en sus manos. Sin embargo, no terminó el primer curso académico, al serle retirada la ayuda paterna debido a sus deudas de juego y sus problemas con el alcohol y el láudano; antes de irse quemó su habitación con todos sus muebles. En 1827, y bajo el nombre de Edgar A. Perry, se alista en el Ejército, en el que permaneció dos años y fue ascendido a sargento mayor. Entre 1827 y 1829 publica en Boston, gracias al editor Calvin Thomas, sus dos primeros libros de poesía: Tamerlán y otros poemas y Al Aaraaf, Tamerlán y poemas menores. Entre ese tiempo murió su querida madrastra Frances, sumiéndole en una gran melancolía, algo constante en su vida. A raíz de una breve reconciliación con su padrastro, en mayo de 1830, solicitó una plaza en la academia militar de West Point, carrera que también abandonó a causa de nuevas desavenencias con Allan y de la retirada de su apoyo, aunque conservaría el capote de cadete durante toda su vida.
Su tía Clemm lo acogió junto a su hermano William Henry y su prima Virginia en la ciudad de Baltimore, convirtiéndose en su nueva familia. Se enamoró de una vecina de su tía, una tal Mary Deveraux, de la que se hace novio durante un año. La relación termina por las continuas escenas de celos de Edgar y el descontento del padre de ella, el cual le llegó a pegar una paliza.
En 1832 consigue publicar cinco relatos en el periódico Saturday Courier, de Filadelfia. Dedicado al periodismo, a lo largo de los años fue redactor, redactor jefe y editor en periódicos y revistas como “Southern Literary Messenger”, “Burton's Gentleman's Magazine” y “Graham's Magazine” entre otros, desplazándose continuamente entre Boston, Baltimore y Nueva York, pues se mostró incapaz de asentarse en un trabajo fijo, debido a su mala salud, el alcohol y las deudas. En 1833 obtuvo el primer premio en el concurso literario organizado por The Baltimore Saturday Visitor con su relato Manuscrito hallado en una botella. En 1834 murió su padrastro sin dejarle herencia, cosa que le afectó. En 1836 se casa con su prima Virginia de 13 años, a la que llegó a querer hasta la locura y era la que lo unía al mundo real. Le dedicó un poema, Annabel Lee. Como en estos años no tuvo trabajo fijo, se dedicó con entusiasmo a escribir relatos, creando los mejores de su obra. Fue asesor editorial del Burton's Gentelman's Magazine, el cual gracias a él elevó su tirada. Luego lo abandonó por causas no conocidas. Fue director de editorial del Graham's Magazine, el cual debe abandonar por sus frecuentes borracheras, pero aumentó el número de subcriptores en 35.000. En 1845 llegó a convertirse en propietario del “Broadway Journal”, de Nueva York, que sin embargo cerró al año siguiente por problemas económicos. Su estilo agudo y en ocasiones cruel, especialmente tratándose de crítica literaria, le granjeó cierta notoriedad en la costa Este. Compaginaba su actividad periodística con la publicación de sus escritos.
En 1840, en la ciudad de Filadelfia, (Pensilvania) logró publicar, en dos volúmenes, una recopilación de sus relatos aparecidos en prensa: Tales of the Grotesque and Arabesque (Cuentos de lo grotesco y arabesco), que contenía algunas de sus obras más importantes (La caída de la Casa Usher, Ligeia, Manuscrito hallado en una botella) y hoy es considerado uno de los hitos más importantes en la historia de la literatura fantástica de todos los tiempos. Además con El escarabajo de oro consiguió ganar de nuevo otro concurso literario. Durante esta época sus cuentos se valoran y obtiene una gran reputación. Sin embargo, fue uno de sus poemas, El cuervo, el que por fin le dio fama nacional y aclamación por todos al ser publicado en el periódico Evening Mirror el 29 de enero de 1845. Cubierto de gloria, realiza en esta época una gira por el país recitando poemas y relatos gracias a su magnífica y embrujadora elocuencia.
Pero el éxito y la alegría acabó pronto ya que en 1846 quiebra su publicación y por si fuera poco su amada Virginia muere por tuberculosis el 30 de enero de 1847. La desesperación y la depresión llaman de nuevo a su puerta y se entrega de nuevo al alcohol y a vagabundear por las calles. Lo que siguió fueron meses de desvarío y excesos, aunque surgen poemas como Ulalume y el ensayo cosmogónico Eureka.
Según se aprecia en su correspondencia, Poe sufrió durante toda su vida fuertes depresiones nerviosas, de las que se defendía, como se ha visto, por medio del láudano y el alcohol. Fue además continuamente asediado por problemas económicos, muchas veces derivados de dichas aficiones. La enfermedad y posterior muerte de su mujer por tuberculosis (al igual que su madre biológica) en 1847, y varios fracasos posteriores (ya al final de su vida) en sus relaciones amorosas, agravaron su alcoholismo.
Buscó la compañía de mujeres como Marie Louise Shew, Annie Richmont o Sarah Helen Whitman. Hay propuestas de matrimonio pero Poe ya no tenía ilusión por nada, aunque el reencuentro con un antiguo amor de juventud, Elmira, lo animó a contraer matrimonio con ella, con la condición de que dejara el alcohol y las drogas. La fecha de la boda estaba concertada para el 17 de octubre, se le vio en Richmond entusiasmado e incluso feliz, pero cuando el poeta se dirige a Baltimore con el propósito de visitar a unos amigos, se le pierde la pista.
El 3 de octubre de 1849 fue encontrado en estado de desvarío y con ropas que no le correspondían frente a una taberna en la ciudad de Baltimore, Maryland. Probablemente afectado de delirium tremens, fue trasladado al Washington College Hospital, donde fue atendido por el doctor James E. Snodgrass. Sufrió alucinaciones, delirios y extravíos, y opuso resistencia a los enfermeros, alternado esto con lucidez. Al final murió en la madrugada del 7 de octubre. La leyenda, recogida por Julio Cortázar en el prólogo a sus traducciones de Poe, cuenta que en sus últimos momentos invocaba obsesivamente a un explorador polar, llamado Reynolds, que había servido de referente para su novela de aventuras fantásticas La narración de Arthur Gordon Pym, y que al expirar pronunció estas palabras: “¡Que Dios se apiade de mi pobre alma!”.
La causa precisa de su muerte es aún hoy controvertida, habiéndose señalado la posibilidad de que sufriera diabetes, varios tipos de deficiencias enzimáticas, e incluso rabia. El doctor James E. Snodgrass escribiría después de la muerte de Poe sobre las circunstancias en que se lo encontró y sus últimas horas. La obra epistolar de Poe fue intensa durante toda su vida y es sobrecogedor leer las cartas de sus últimos meses en los que incluso pedía a su tía que muriera junto a él.

Personalidad
Dotado de una gran inteligencia, Edgar Allan Poe era un hombre muy cortés pero de una fiereza sin igual, lo que le enemisto con numerosas personas. Sus amigos se sorprendían por su aspecto cuidado al extremo y la claridad de su elocución. Sus manuscritos se caracterizan por la consistencia, la regularidad y la elegancia de su escritura además de por la ausencia de tachones. A menudo, escribía en hojas de cuaderno que posteriormente pegaba unas con otras hasta crear rollos. Sus manuscritos revelan una inteligencia que «no dormía nunca », una independencia extrema respecto a sus convicciones, y que controla o busca siempre controlar una extraordinaria sensibilidad, después de todo, un « cerebral».

Obra
A parte de las influencias de Walter Scott y Byron, estuvo muy versado por su trabajo en toda la literatura contemporánea y, por su tendencia natural, en la novela gótica anterior, así como en los románticos ingleses y alemanes. Poe cultivó tanto la narrativa como la poesía y el ensayo, realizando aportes originales (lo cual suponía una ley para él) en estos campos. Se le considera una gran influencia en el Simbolismo dentro del género poético, y especialmente sobre su traductor al francés, el poeta Charles Baudelaire, creador de esta escuela en Francia, aunque no está de más aclarar que esta influencia fue estrictamente temática y no formal. Se inspiró en escritores góticos como Nathaniel Hawthorne, Ann Radcliffe, William Godwin y E.T.A. Hoffmann y reformó la novela gótica al aportarle, por un lado, elementos más intensos y terroríficos (visiones de pesadilla, asesinatos monstruosos, cadáveres en descomposición...) y, por otro, el llamado terror psicológico, que consigue calar más hondo en el lector debido a la fácil identificación que éste establece con los personajes.

Cuentos
Su contribución más importante a la historia de la literatura la constituyen los relatos cortos de todo género. Es de destacar en los mismos su factura equilibrada y el elevado nivel artístico. Dotado de una gran inteligencia y de una poderosa imaginación, Poe era maestro absoluto en el campo del misterio, así como en la recreación de atmósferas preñadas de efluvios malsanos y fantasmales, mientras que, en el terreno técnico, su dominio del tempo o ritmo narrativo no tenía igual. Julio Cortázar, gran admirador suyo, hacía hincapié en la gran parquedad o «economía de medios» de que hacía gala para lograr sus propósitos (véase El barril de amontillado).
Para transmitir la sensación de inquietud y terror la acción transcurría en un solo lugar, en donde todos los detalles estaban subordinados al conjunto y cualquier detalle de poco interés sobraba. La sensación de horror la transmitió de manera directa y en una determinada longitud, la brevedad. El mejor ejemplo que demuestra la esencia clara del relato corto de terror de Poe fue su primer cuento publicado Metzengerstein, en el cual tiene circunstancias románticas como la ruina de una familia ilustre, un viejo castillo, un barón disoluto... pero no nos relata la historia de la familia, ni una historia de amor, sino que desde el comienzo hasta el final se trata de un relato de horror y fatalidad.
El pozo y el péndulo comienza de forma abrupta, El corazón delator empieza describiendo la locura del protagonista y en El barril de amontillado nada se sabe de la humillación que sufrió el vengador. La escena y la acción no son elementos necesarios de la narración consiguiendo un goticismo más efectivo. En todos sus relatos la tortura, la desesperación, la depresión, los crímenes, las venganzas, la agonía, la locura, se muestran libres y desnudos como el terror y la muerte.
Sus cuentos más importantes pertenecen al género fantástico y de terror: Manuscrito hallado en una botella (por el que recibió su primer premio literario), El gato negro, El pozo y el péndulo, El corazón delator, La caída de la Casa Usher, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, El entierro prematuro, Ligeia, etc. Estos escalofriantes relatos han fascinado a generaciones enteras de lectores y cuentistas del género macabro, y sobre el oscuro simbolismo a ellos inherente han corrido ríos de tinta.
 
"Ya no se advirtieron más señales de vida en Valdemar y, opinando que había fallecido, lo confiamos al cuidado de los enfermeros. En ese momento observamos un intenso movimiento vibratorio en la lengua. El hecho continuó por espacio quizá de un minuto. Al terminar este periodo, brotó de las distendidas e inmóviles mandíbulas una voz, una voz que sería una locura intentar describir."
(De «La verdad sobre el caso del señor Valdemar», 1845)
Como se ha dicho, Poe —junto con Mary Shelley y su Frankenstein— igualmente anticipó la narrativa de ciencia ficción (o ficción científica) como lo prueban las siguientes obras: La incomparable aventura de un tal Hans Pfaal (También conocida como: La aventura sin par de un tal Hans Pfaal), El poder de las palabras, Revelación mesmérica, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, Un descenso al Maelström, Von Kempelen y su descubrimiento, etc. El mesmerismo muy en boga en aquella época influenció en varios relatos de Poe, que aunque no creería intensamente si le interesó.
Añadido a esto, fue precursor de la novela policíaca a través de historias, como El escarabajo de oro, en las que se resuelven analítica y lógicamente problemas de gran complejidad. Son de importancia en este sentido las narraciones detectivescas que tienen como protagonista al caballero Auguste Dupin: Los crímenes de la calle Morgue, La carta robada y El misterio de Marie Rogêt. En dicho personaje se inspiró probablemente Arthur Conan Doyle para desarrollar su Sherlock Holmes.
"En el lugar más recóndito de esa maleza, no lejos del extremo oriental de la isla, es decir, del más distante, Legrand se había construido él mismo una pequeña cabaña, que ocupaba cuando por primera vez, y de un modo simplemente casual, hice su conocimiento.
Éste pronto acabó en amistad, pues se daban en el recluso muchas cualidades que atraían el interés y la estima. Le encontré bien educado, de una singular inteligencia, aunque infestado de misantropía y sujeto a perversas alternativas de entusiasmo y de melancolía."
(De «El escarabajo de oro», 1843)
Menos conocidos son sus cuentos «grotescos», en los que, para algunos, exhibía un muy discutible sentido del humor: Bon-bon, El aliento perdido, El Rey Peste, Los anteojos, El sistema del doctor Tarr y el profesor Fether, etc. Robert Louis Stevenson, en un conocido ensayo sobre Poe, llegó a afirmar: «El hombre capaz de escribir El Rey Peste había dejado de ser humano». Estas narraciones, sin embargo, debido a su extravagancia, fueron muy apreciadas por los poetas surrealistas.
Mención aparte merecen sus relatos de corte poético y metafísico, muchos de ellos auténticos poemas en prosa, de acendradas virtudes estéticas: La conversación de Eiros y Charmion, El coloquio de Monos y Una, El alce, La isla del hada, Silencio, Sombra, etc.
«Escucha», dijo el Demonio, imponiendo la mano sobre mi cabeza. «La tierra de que te hablo es una región sombría en Libia, a orillas del río Zaire. Y no hay tranquilidad allí, ni silencio.
«Las aguas del río son de un tono azafranado y enfermizo, y no fluyen hacia el mar, sino que palpitan eternamente bajo el ojo bermejo del sol, con agitación tumultuosa y convulsa».
(De «Silencio (una fábula)», 1839)
Novelas
Poe es autor de una única novela corta: La narración de Arthur Gordon Pym (The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket) (1838). Se trata de un relato de aventuras marineras de tipo episódico, centrado en su intrépido protagonista, quien encontraría eco posteriormente en las obras de Stevenson. Debido a la abundancia de detalles macabros que contiene y a su indescifrable desenlace, la obra ha estado siempre rodeada de polémica.
Poe definió la poesía como "creación rítmica de la belleza". En su género más controvertido, le debemos composiciones de extraordinaria musicalidad, como Las campanas y Annabel Lee, las cuales, debido a sus complicaciones estructurales, hicieron casi imposible su traducción a otros idiomas, a no ser en prosa. El más popular de todos sus poemas es El cuervo, un canto narrativo de corte romántico en el que se cuenta la llegada de una de estas aves a la estancia de un hombre solitario, en una noche de tormenta. A las atribuladas preguntas del personaje sobre el destino y sobre su amada muerta, "Leonore", el siniestro pájaro responde invariablemente con el latiguillo "nevermore" ("nunca más").

Ensayos
Poe ejerció asimismo con acierto el ensayo sobre los temas más variados (la larga meditación cosmológica Eureka, Marginalia, Criptografía, Filosofía del mobiliario, entre otros), así como la crítica literaria (a destacar sus reseñas sobre Longfellow, Dickens y Hawthorne), en la que se mostró enemigo del "aldeanismo" estadounidense y partidario más bien de una creación de índole independiente y cosmopolita. Por último, indagó —muy técnicamente para tratarse de un autor romántico, y a veces quizá algo irónicamente—, sobre los misterios y técnicas de la composición literaria: El principio poético, así como su famosa Filosofía de la composición que versa sobre su pieza poética más conocida, El cuervo. En esta obra afirma que "la brevedad debe hallarse en razón directa de la intensidad del efecto buscado".

Repercusión

En la literatura
El alcance de la influencia de Poe es inabarcable. En los mismos Estados Unidos inspiró a escritores como Mark Twain, Herman Melville, Ambrose Bierce, gran especialista de lo macabro, Ray Bradbury, y sobre todo por su tenebrismo a Howard Phillips Lovecraft. La Mystery Writers of America es una organización que premia a mejor escritor de misterio cuyos galardones son llamados "Edgars".
La otra gran influencia fue hacia los simbolistas franceses, encabezados por Charles Baudelaire, el cual tradujo cinco volúmenes suyos, Victor Hugo, Lautréamont, Verlaine, Rimbaud, Valéry, Mallarmé, el cual le dedicó poemas, y Proust. Además de Guy de Maupassant, gran especialista también del relato corto e intenso y el gran autor de la ciencia ficción Julio Verne, gran admirador de Poe.
En cuanto a los victorianos, en este punto cabría destacar a los grandes especialistas del género macabro como el ya mencionado Robert Louis Stevenson tanto que fue fuente de inspiración de "El extraño caso del doctor Jekyll y mr. Hyde", Montague Rhodes James, Arthur Machen, Oscar Wilde en su novela "El retrato de Dorian Gray" y al autor de ciencia ficción Herbert George Wells. Además su personaje de Auguste Dupin, el detective ficticio de Poe en Los crímenes de la calle Morgue, sirvió de inspiración a Arthur Conan Doyle para su Sherlock Holmes.
En España influyó mucho a Pío Baroja y a Blasco Ibáñez.
En la literatura latinoamericana, contó con la admiración de algunos de los autores modernistas. Rubén Darío le dedicó uno de los artículos de su libro "Los raros" y fue modelo a imitar para el cuentista uruguayo Horacio Quiroga. También los escritores argentinos le admiraron: Julio Cortázar tradujo su prosa completa magistralmente y, Jorge Luis Borges le consagró algún cuento y varios ensayos. El escritor colombiano Andrés Caicedo se declaraba fuertemente influenciado por Poe y le dedicó varios relatos, entre ellos una versión moderna de Berenice.
En Rusia su obra fue traducida por el simbolista Konstantin Balmont e influenció a Nabokov ya que realizó varias referencias a Poe en su famosa novela "Lolita". Fyodor Dostoevsky dijo sobre él que poseía un talento enorme como escritor e hizo una breve referencia a su poema El cuervo en "Los hermanos Karamazov". Además en "Crimen y castigo" el protagonista Raskolnikov estuvo inspirado en parte en Montresor de El barril del amontillado.
En Suecia Viktor Rydberg tradujo bastante de la obra de Poe al sueco. El escritor alemán Thomas Mann escribió muchos relatos cortos basados en los de Poe. Además Friedrich Nietzsche se vio influenciado en los ensayos de Poe para realizar su excéntrica filosofía y en Japón un escritor se puso el seudónimo de Poe en su idioma, pasando a denominarse Edogawa Rampo.
En Grecia, Filemón de Sausage publicó la primera traducción de sus cuentos completos y le dedicó una sección de sus Meditaciones.

En la pintura
Gustave Doré, Edouard Manet.


En la música
Inspiró a músicos como Ravel, Rachmáninov, quien hizo una coral del poema Las campanas, y Debussy, que compuso un drama lírico sobre La caída de la Casa Usher. Su compañero André Caplet también compuso un tema musicando del relato La máscara de la muerte roja.
El compositor inglés Joseph Holbrooke compuso una sinfonía a El cuervo en 1900, y tres años más tarde realizó algo similar con el poema Las campanas. Además hizo un ballet sobre La máscara de la muerte roja, a parte de otros trabajos inspirados en Poe.
Peter Hammil, líder del grupo Van Der Graaf Generator compuso una siniestra ópera sobre el tema de la casa de Usher.
La canción de Bob Dylan Just Like Tom Thumb's Blues está basada en la calle Morgue.
En la portada del disco Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band de The Beatles, uno de los personajes admirados por ellos y allí reflejado es Poe, que aparece mencionado igualmente en la canción I'm the Walrus.
La canción del grupo The Cure, Just Like Heaven, está basada en el poema Anabel Lee.
En la canción compuesta e interpretada por Neil Diamond, Done Too Soon se menciona a Poe junto con muchas otras personalidades que murieron prematuramente.
El grupo Alan Parsons Project realizó canciones dedicadas a Poe en su disco Tales of Mystery and Imagination, como por ejemplo, The Raven, con colaboraciones como Orson Welles en el rol de narrador.
En 1981 el grupo de Heavy Metal Iron Maiden realizó una canción llamada Murders in the Rue Morgue integrada en su disco Killers.
El grupo español Radio Futura dio música al poema Annabel Lee en 1989.
La banda de Heavy Metal Nevermore debe su nombre y muchas de sus canciones a la obra de Poe.
En 1996 el grupo Theatre of Tragedy en su disco "Velvet Darkness They Fear", especialmente en el tema "And When He Falleth", realizaron una dedicatoria a Edgar Allan Poe, únicamente a uno de sus cuentos, "La Máscara de la Muerte Roja".
La banda de Heavy Metal Progresivo Symphony X ha basado la temática de varias de sus canciones en obra y vida de Edgar Allan Poe (vgr. King Of Terrors). A su vez, Michael Romeo, guitarrista de la banda, evidencia su devoción por el escritor al componer para su álbum solista The Dark Chapter temas como Cask Of Amontillado, The Premature Burial, Mask Of the Red Death o Psychotic Episode.
La banda argentina Los Tipitos basó la canción "Campanas en la noche" en el poema El cuervo.
El minimalista Philip Glass compuso una ópera basada en la La caída de la Casa Usher en 1989. Otras óperas basadas en Poe son Ligeia, de Augusta Read Thomas en 1994 y El corazón delator de Bruce Adolphe.
Gustavo Cerati de (Soda Stereo) compuso una canción que lleva por título "Corazón Delator".
El cantante de HIM, Ville Valo, cita en varias ocasiones relatos de Poe para inspirarse en las letras de su canciones y lleva tatuado los ojos de Poe en su espalda.
Silvio Rodriguez (Trovador cubano) le dedicó un tema con su nombre "La trova de Edgardo", en el cual satiriza las adicciones del escritor diciendo -"hoy, recordé a edgardo, aquel señor fumador de amapolas".
Sopor Aeternus & The Ensemble of Shadows ha puesto música a varios poemas de Poe: Alone (en el disco Voyager - The Jugglers of Jusa) The Sleeper (Dead Lovers' Sarabande Face 1) El Dorado (Tales From Inverted Womb) The Conqueror Worm (FLowers In Formoldehyde).
Otros grupos de la actualidad que han redido tributo al autor norteamericano son Voltaire, Green Day (en la canción "St. Jimmy"), Good Charlotte, Mr. Bungle, The Crüxshadows, Cradle of Filth, Team Sleep, la cantante Utada Hikaru (Kremlin Dusk, de su álbum: "Exodus"), Elysian Fields, The Smithereens, Symphony X, Opera IX, Tiger Army, Sopor Aeternus & The Ensemble of Shadows, Overlord, Insane Clown Posse and Antony and the Johnsons.
Lou Reed en su álbum "The Raven" del año 2003, rinde homenaje a la obra de Poe, además de una interpretación tremenda de un tema, que lleva por título su nombre "Edgar Allan Poe". En el disco participan entre otros: Ornette Coleman, David Bowie o los actores Steve Buscemi y Willem Dafoe.
El grupo Los Piojos incorporó una canción llamada "Morella" en el disco Verde paisaje del infierno inspirada en el cuento del mismo nombre. En la misma participa el guitarrista Ricardo Mollo.
La cantante Diamanda Galas publico un disco llamado "Masque of red death" (Mascara de la muerte roja) además de haber participado en la publicación de Closed On Account Of Rabies - Poems And Tales Of Edgar Allan Poe, declamando "The black cat" (El gato negro).

En el Cine
Varios de sus relatos han sido trasladados a la gran pantalla de la mano del maestro de la Serie B, Roger Corman. Entre otras, existe una versión cinematográfica de su cuento "El pozo y el péndulo". También hay una versión cinematográfica de "La caída de la casa Usher".

Además, Tim Burton cita en varias de sus películas al ilustre Poe. Pero sobre todo le rinde un gran homenaje en su cortometraje de animación en stop-motion Vincent.

En la película "El cuervo" de 1994 el protagonista Eric Draven hace alusion al poema "The raven" citando ciertos versos sacados de este poema.

La legendaria banda alemana de heavy metal "Stormwitch", en el album titulado "Tales Of Terror", incluye la obra maestra inspirada en el cuento "Mask Of The Red Death" de Edgar Allan Poe